Cada acto de amor es una semilla que Dios hace crecer en el corazón de quienes más lo necesitan.
Estimados amigos:
Todo empezó con un sueño desde niña, sucedió que después de ver que mi hogar se derrumbaba porque mis padres que adolecían de enfermedades distintas no podían cumplir con sus obligaciones y quedamos desamparados, expuestos a violencia y vivimos situaciones de abandono involuntario de parte de nuestros padres, vivimos rodeados de personas dependientes de vicios veía de pequeña que mis hermanitos y yo íbamos a la deriva. En esas circunstancias sólo deseaba paz y deseo de proteger a mis hermanitos menores, por motivos ajenos a mi voluntad terminé visitándolos en un orfanato y con gran impotencia comprendí que necesitaba mucha ayuda para sacarlos de allí hasta que pasaron los años y lo pude hacer siendo ya una jovencita, y desde ese tiempo anhelé con todo mi corazón crear una fundación donde se entregase la protección necesaria y sobre todo el amor y cuidado que merece todo ser al nacer, siendo estos los que necesité en aquella época de mi vida.
Enfrenté a las autoridades y a los profesionales que tenían a mis hermanitos bajo su cuidado, ya siendo mayor de edad y con la firme decisión de no dejarlos ni un día más ahí en el internado de niños. Fue un camino difícil, lleno de trámites negativos y momentos donde sentí que las puertas se cerraban, pero el amor de hermana mayor no me permitió rendirme. Así, en el año 2021, nació Fundación Semillas de Fe, como la materialización de ese sueño que llevaba guardando desde niña.
Hoy, esta fundación extiende su labor a quienes más lo necesitan, desde bebés recién nacidos hasta adolescentes, y también adultos mayores que, al igual que yo en mi infancia, merecen protección, dignidad y amor incondicional. Cada vida que tocamos es una semilla que sembramos con fe, con la certeza de que nadie debería enfrentar el desamparo en soledad. Porque cuando alguien te tiende la mano en el momento más oscuro no solo te rescata: te enseña a convertirte en esa misma mano para otros.
De la impotencia nació la fuerza, y de la fuerza un hogar para quienes, como yo, alguna vez soñaron con ser rescatados.
Nuestro mayor deseo es seguir sembrando esperanza, construyendo oportunidades y llevando el amor de Dios a cada familia que acompañamos.
Con cariño y gratitud,
Fundación Semillas de Fe